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La Iglesia Parroquial San Martín
fue construida en el siglo XIII, de estilo gótico- mudéjar,
siendo uno de los pocos ejemplos de este estilo
arquitectónico que quedan en nuestra Comunidad.
Ya hemos avanzado que dicha primitiva iglesia se
construye en dependencia de modelos arquitectónicos
del mudéjar toledano. Es en especial la antigua
mezquita y luego ermita del Cristo de la Luz la
obra que parece ser más influyente en la
modelación del ábside de nuestra iglesia.
La piedra, en combinación con el ladrillo,
son los dos materiales que aquí se utilizan.
El exterior del ábside -que está orientado
el este- puede admirarse bien desde el atrio de
la iglesia y desde la calle Fray Luis, y nos muestra
en su centro una ventana estrecha, de las llamadas
saeteras, que se ha beneficiado considerablemente
de la restauración (por cierto, premio Nacional)de
que fue objeto el monumento a fines de los años
70 y que se muestra rodeada de un triple arco: el
interior o marco de la ventana es un mínimo
arco de medio punto, el medieval es de herradura
ojival, y el exterior es de herradura ojival lobulado,
estando el conjunto a su vez rodeado de un marco
de ladrillos.

Otra ventana exactamente igual a ésta puede
verse en el lateral meridional del ábside,
y una tercera, idéntica, existía en
el primitivo edificio, que ahora ya no puede verse,
porque ese lateral septentrional del ábside
está oculto por la adición del edificio
de la sacristía. El color ocre pálido
de los ladrillos contrasta armónicamente
con el blanco grisáceo de la caliza. Bajo
el tejado corre una cornisa de ladrillo con salientes
escalonados; y más abajo, el adorno de una
línea de esquinillas para intercalar un saliente
cuadrangular.
El espectador atento podrá distinguir en
una de las piedras trazada una cruz griega, signo
que probablemente formaba parte de un primitivo
Via Crucis.
Aún en la subsiguiente pared meridional,
en el exterior del ante ábside, se conservan
dos ventanas pequeñas de medio punto, en
ladrillo, que correspondían al primitivo
mudéjar.
Lo interesante son las pinturas al fresco que decoran
el interior del ábside, sólo parcialmente
conservadas y conocidas a raíz de un fortuito
descubrimiento a mediados de los setenta y de su
posterior restauración a instancias de la
Dirección General de Bellas Artes.
Muestra la decoración pictórica en
su parte alta, a saber, en la bóveda, la
figura del Pantocrátor o Cristo sentado en
un gran sillón y encerrado en la mandorla
u óvalo almendrado. Se ha perdido la parte
superior y sólo pueden verse con nitidez
la parte de la piernas, cubiertas por una túnica
rojiza y por un manto blanco, y los pies descalzos;
alrededor de Cristo y dentro aún de la mandorla
destaca el cielo azul salpicado de estrellas y planetas
diminutos. Acudir al magnífico Pantocrátor
de la iglesia leridana de Tahull puede ser un buen
recurso para completar mentalmente las partes que
faltan, y en especial el rostro ausente de la figura
central.
A los lados del Pantocrátor y rozando su
mandorla, se conservan en la parte inferior del
mismo, aunque incompletas, las figuras simbólicas
de los evangelistas San Marcos (el león alado:
en la parte inferior izquierda) y San Lucas (el
toro alado: en la parte inferior derecha). Por arriba,
en la parte derecha, aún quedan restos del
águila, símbolo de San Juan, pero
apenas nada puede verse del símbolo de San
Mateo, el ángel. Dos ángeles, sin
embargo, bordean la escena a derecha e izquierda
de los que se han conservado una buena parte, especialmente
del que se sitúa a la derecha del conjunto,
con la curiosidad de las babuchas negras que calzan
sus pies.
Más abajo de la bóveda corre, rodeando
a ambos lados la ventana central, que es de medio
punto, una sucesión de arcos ciegos de herradura
ojivales, que son marcos en cuyo interior quedan
débiles restos de la representación
de un apostalado (sin duda incompleto, pues sólo
hay 8 arcos, cuatro a cada lado de la ventana central).
Tiene cada apóstol en la parte superior escrito
su nombre en latín y se pueden aún
leer los de Pedro, Pablo, Andrés y Simón.
Las figuras elevan su mirada hacia arriba, hacia
el Cristo de la bóveda.
En la parte inferior, de la que no quedan rastros
pictóricos ningunos, corre un friso
de arcos de medio punto entrelazados. Las paredes
que prolongan el ábside hacia la nave central
(ante ábside) muestran también haber
estado pintadas, y de dichas pinturas queda algún
que otro no desdeñable vestigio.
Esa nave central era la única que constituía
el primitivo templo, ampliado en el siglo XVII con
la nave septentrional, la sacristía, el coro
a los pies de la iglesia y la nueva torre, que sustituiría
a la del antiguo templo. Con posterioridad se construyó
la actual nave meridional.
Lo que hoy es atrio era entonces, según se
acostumbraba. el cementerio, situado detrás
de la iglesia porque la entrada principal estaba
por el lado norte.
Las excavaciones realizadas como colofón
de la restauración en el suelo del ábside
de la iglesia han distinguido diferentes pisos en
el mismo y han descubierto también enterramientos
en las zonas laterales. Todo lo cual puede contemplarse
ahora, puesto que se ha dejado al descubierto para
tal fin.
Entre las imágenes que alberga la iglesia
en la actualidad destaca por su antigüedad
el Cristo crucificado que preside el altar, maravillosa
talla del siglo XVII.
Además del edificio de la iglesia, hay que
constar como monumento de una cierta antigüedad
e importancia con la ermita de la Virgen de la Oliva,
que parece remontar en su estado actual al XVIII,
pero en cuyo lugar existía ya previamente
otra construcción que cumplía la misma
función (ya en el XVI tenemos de ella testimonio)
Para ver interiormente estos monumentos hay que
esperar a los momentos en que por razones de culto
se abren (la iglesia los sábados, a partir
de las siete, y los domingos, a partir de las doce),o
bien acudir al párroco, cuya vivienda está
próxima al templo. En cualquier caso, el
teléfono de la parroquia es el siguiente:
91.873.83.85
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GASTRONOMÍA
La localidad
de Valdilecha posee distintos bares y establecimientos
hoteleros en los 
que se puede disfrutar de buen vino, aceite
y aperitivos, son típicos en los mismos
las comidas caseras, buenos guisos y asados
en hornos de leña.
Son típicos los hornazos y tortas de
manteca, mantecados y bollos de anís
que podrán encontrarse en las panaderías
y bollerías de la localidad.
Y como no, un buen vino tanto blanco, tinto
o rosado que se venden a granel o embotellado,
o buen aceite extraído a partir de las
aceitunas de la comarca. |
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PAISAJE
El paisaje de Valdilecha ofrece al
viajero una doble perspectiva por un lado “llanura”,
por otro lado “Releve desigual del Valle”,
con cerros y barrancos siendo útiles para el
cultivo de viñas y olivas.
Tanto en el relieve como en la llanura aparecen un
entramado de caminos que sirven para el transporte
y circulación de los vehículos necesarios
para las labores agrícolas, pero hacen posible
el paseo y del senderismo a quienes deseen disfrutar
de la tranquilidad y el entorno natural.
En
el fondo del Valle, la vega exhibe la estampa de sus
cultivos hortícolas y de sus álamos
blancos brotando derechos al cauce del agua. Las laderas
son propicias de la vid y el olivo, pero igualmente
en estas nacen hierbas aromáticas como el tomillo
o las marañas. Un paisaje pedregoso suele coronar
las cimas, con lugares notorios como la conocida “peña
del Reloj”, una agrupación de riscos
en la ladera oriental del Valle, frente al pueblo,
que se llama así por que antiguamente servia
para conocer de forma natural la hora del día,
en función de las sombras y las variaciones
que hacía el sol en las peñas.
También nos encontramos la “Dehesilla”,
un enorme risco horadado por entrantes y grutas, que
servían de refugio y constituía un cobijo
ocasional.
Existe
un magnifico Pinar ( que es fruto de una repoblación
forestal realizada en el año 1953), equipado
para ser un lugar de merienda y descanso para el viajero.
En su parte más baja, situado junto al manantial
“El rejal”, se conjuga la sombra y el
agua, así como un merendero donde se puede
degustar una comida campestre.
La “Carcava” se sitúa en la parte
superior de los pinos, constituyendo una gran sima,
con dos paredes de piedra, desde cuya parte superior
se contempla una panorámica del pueblo.
El “sombrero del Cura” es un lugar rocoso
, situado al otro lado del barranco y frente a la
Carcava.
Por la ladera sur, y en la ladera oeste del Valle,
de nuevo con olivares hay un vistoso camino denominado
“el conejero”, debido a la abundancia
que existe de esta especie animal en el mismo, y dos
fuentes sucesivas “la del conejero” y
la del “Vivar”, que ofrecen al viajero
agua para saciar la sed.
Los chozos de piedra se observan por cerros y laderas,
cuyo fin era ofrecer refugio a los labradores y pastores
cuando acuciaban las inclemencias climatológicas,
o bien para ofrecer alojamiento a todos aquellos que
pernoctaban en el campo con sus ganados. Estos chozos
son de forma
circular, sin argamasa de ninguna clase, según
un tipo de edificación ancestral que hunde
sus raíces en la arquitectura megalítica
de la prehistoria. Las piedras se superponen en hiladas
y se construye así una sólida bóveda;
esta se culmina con una piedra central o clave que
sujeta todo el conjunto.
La época ideal para quien desee realizar senderismo
será la primavera, pues los sembrados de la
campiña ofrecen su mayor esplendor, todo el
campo se salpica de amapolas y por otro lado el arbolado
de las laderas ofrecen su follaje en su esplendor,
ofreciendo una estampa magnifica para los sentidos
del olfato y la vista. Es muy vistoso observar la
floración de los almendros a últimos
de febrero y durante el mes de marzo.
Además de las fuentes anteriormente citadas
no hay que olvidar la de “Casasola”, situada
en la ladera oeste del Valle, llegando hasta la misma
con un camino agradable que sale desde el parque municipal.
El verano es tiempo de paseos sobre todo por la mañana
temprano o a la caída de la tarde y especialmente
por la vega, pero en otoño si el tiempo es
óptimo es recomendable disfrutar entre los
viñedos de la vendimia (principios de octubre)
y de las pámpanas ( a finales de octubre y
principios de noviembre)
La fauna salvaje que puede contemplarse en él
termino de Valdilecha se compone de perdices, liebres
y avutardas en el llano y conejos e incluso algún
zorro en las zonas más intrincadas del relieve. |
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RUTAS
1) RUTA DEL PINAR:
Es una ruta que atraviesa el espléndido
pinar del municipio. Se inicia detrás
del polideportivo en el Camino de los Hornillos.
A la izquierda vemos viñedos y el pinar,
a la derecha huertos. Subimos un fuerte repecho
hasta el Paraje del Llanillo y bajamos por
entre los pinos hacia el pueblo. Precaución
al cruzar la carretera M-224.
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Plano de la Ruta 1 |
2) RUTA DE LA DESILLA:
Senda circular que transcurre por la fuente
casasola y finaliza en el parque municipal.
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Plano de la Ruta 2
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3) RUTA DEL CEREAL:
Recorrido circular por campos de cereal recomendada
realizarla en primavera.
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Plano de la Ruta 3 |
4) RUTA DE LAS FUENTES:
Discurre por la zona denominada “El
conejero”, a su paso por la misma nos
encontraremos dos famosas fuentes naturales”
la del Conejero”, y la “Fuente
del Vivar”.
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Plano de la Ruta 4
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5) RUTA DEL TREBOLAR:
Ascendemos por el Camino de Carabaña desde
donde podemos observar una bella panorámica
del pueblo. El camino se bifurca, giramos
a la derecha por un suave ascenso entre olivos.
Iniciamos el giro de la senda con las salinas
enfrente. Llegamos a una zona abundante en
madrigueras, con la vega a un lado y el arroyo
a la izquierda.
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Plano de la Ruta 5 |
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ASOCIACIÓN
CULTURAL SAN MARTÍN
PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN:
Domicilio:
C/ Ronda 106 Valdilecha
Teléfono: 616544383
E-Mail:
Actividades de la Asociación:
A través de esta Asociación se
llevan a cabo actuaciones de teatro, danza,
zarzuela, así como representaciones de
Belén y Pasión Viviente.
Página Web: www.pasionvaldilecha.com
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ZARZUELA:
- El Barberillo de lavapiés
- La Verbena de la Paloma
- Alma de Dios
- La leyenda del beso
- Las Leandras
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